martes, 11 de octubre de 2011

Más bonita que ninguna.

Nosotras no lo elegimos, tuvimos la gran suerte.

Las apariencias engañan.

Siento que algo van mal, estoy sola en medio de un montón de gente.
Aunque cuando levantas la cabeza y miras a tu al rededor ves a toda esa gente que lleva prácticamente toda la vida contigo, algo te impide ser la misma, solo sacas una sonrisa y ocultas lo que sientes, eso tan difícil de explicar. Los días pasan y el por qué no aparece, simplemente actúas, sigues tu vida. Les quieres, tal vez sea lo único que te haga ver que esto merece la pena. Hoy no te apetece disfrutar, estás triste, pero por ellos decides no acabar aquí, así, sin ningún motivo. Necesitas compañía, pero no lo dices, sueñas y no vives la vida, imaginas y no aceptas la realidad, todo es muy difícil ahora. Con o sin motivos, te pones a pensar y, sin querer, los recuerdos se han apoderado de tu cabeza: ¿dónde está toda esa gente?, ¿dónde han quedado esos momentos? y las ganas, ¿dónde las dejaste?. Una pequeña gota baja recorriendo tus mejillas, ya no aguantabas más. Te falta algo, algo importante. Te duele estar así y más sin saber por qué, solo quieres que aquello vuelva, necesitas vivir.

Como tú no hay dos.


No hay ningún motivo, no hay ningún por qué, solo una razón, TÚ.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Toco tu boca.


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí, para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender, coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos, el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar ( Argentina, 1914- 1984 )
Texto tomado de "Rayuela"

El verbo ser.

Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperaci6n de los largos y frágiles asombros, la desesperaci6n de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperaci6n los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitaci6n es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.


André Breton .

No solo hacen locuras los enamorados.

Cuando menos te lo esperas, te das cuenta de que aquella frase que tanto oías, es verdad: "cuando quieres mucho a alguien, todo lo demás te da igual", decían. Y tú, que entonces no le habías conocido, ignoraste por completo aquello que  hoy has comprobado.
Es una sensación un tanto extraña la que se siente cuando de verdad quieres a alguien, es algo verdaderamente difícil de explicar. Sin querer, se te escapa una sonrisa cuando te mira o te entra un cosquilleo cuando te besa, poco a poco se ha ido convirtiendo el alguien especial y diferente para ti.
Te gusta como es, con sus defectos y virtudes, no te importa lo que la gente piense de él porque con solo mirarle sabes que lo vas a tener ahí siempre, para todo, aunque las cosas cambien.
Desde aquel día no puedes dejar de sonreír, darías lo que fuera por un abrazo suyo, "aunque solo una fuera", como dice la canción.
No tienes nada más que decir, ahora eres suya, le tienes, le quieres, sois felices.


Y nadie más.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La vida.

La noche es fría, estás acurrucado tapándote con las sábanas y oyes el rudio de la lluvia contra los cristales. Todo parece muy monótono pero, de repente, la cabeza se te llena de recuerdos.Por un momento piensas en el niño que fuiste, en aquellas tardes en el parque, en esos tiempos en los que todo parecía un simple juego y no existían preocupaciones, en el muñeco al que tanto querías, en el pati dibujado en la acera de tu calle, en tus primeros amigos.. y empiezas a compararte con lo que hoy en día eres. Ahora tu cabeza se llena de preguntas: ¿Por qué ya no es tan fácil reir? ¿Por qué preocuparse de cosas que no tienen importancia? ¿Por qué tienes miedos que antes no tenías? ¿Por qué no llorar para desahogarse? ¿Por qué ahora cuentas con una mano a los verdaderos amigos? ¿Por qué tienes pánico a enamorarte? ¿Por qué palabras y no momentos? ¿Por qué él y no otra persona? [...]Y es ahora realmente de cuando te das cuenta de que la vida es impredecible, un gran aventura que has de afrontar tú solo.Reflexionas y te propones una meta: ser feliz y disfrutar siéndolo. Piensas, recapacitas y das gracias a todas esas personas que han formado parte de esta aventura, tu aventura, porque son ellos los que han hecho que hoy seas quien eres aportando ese granito de arena necesario para formar el camino que hoy te ha traido hasta aquí.Y sin más, cierras los hojos, comienzas a soñar y prometes no dejarles nunca, son tu vida.